La Sinfonía Ya Había Comenzado

Por Diego Guapacha*

¿Cuál es la causa de nuestra infelicidad?

He vivido gran parte de mi vida (por no decir casi toda…) llena de prohibiciones y cohibiciones.

¿Por qué? He sentido un gran temor al pensar ser diferente a los demás.

¿Por quién(es)? La mayor influencia del miedo han sido mi padre y mi hermano, que en realidad vienen siendo la misma persona.

Los miedos, desde muy temprano, me han hecho paralizar… He temido tanto a la vida que he visto muchas oportunidades que anhelaba pasar por mi lado mientras las veo sentado en la misma roca. 

¿Vida? ¿Vivir? ¿Acaso esto es vivir?

¿Quién soy? ¿A quién trato de satisfacer? ¿Para quién o qué me sacrifico? ¿Para quién o qué vivo?

Enfrentar esas preguntas me ha hecho querer parar toda actividad que había estado realizando y que consideraba normal en mi día a día. Perdí totalmente la seguridad y la certeza de lo que creía ser, pero a cambio de eso, he tenido el privilegio de mirar a los ojos la verdad.

He sentido un tipo de chispazo, de iluminación. Claramente, se me ha hecho difícil mirar lo que estaba en el cuarto oscuro conmigo, pero ha sido precisamente ese acontecimiento, el coraje y la valentía de ver lo falso como lo falso lo que me ha permitido dar un paso más hacia mí. 

Desde entonces, he podido comprender un poco más mi miedo a la vida, mi temor a la equivocación y también la frustración cuando no consigo aprobación; he comprendido  mi miedo a las figuras autoritarias y todo lo que se relacione con expresar algo de mi interior. He temido perder el control… He temido perder lo que he aprendido de mis experiencias… Y lo gracioso de todo ello, es que ha sido ese mismo temor el que ha reproducido esos patrones de inmovilidad que limitan mis actos, mis oportunidades de ser lo que en realidad soy.

Me he frustrado muchas veces en un solo día al ver que sigo pensando, sintiendo y actuando de la misma forma. Es claro que este proceso tomará mucho tiempo, pero siento que se me han abierto las puertas a un mundo inexplorado en mi interior donde se pueden observar las raíces de los árboles que obstaculizan mi potencial en mi presente y mi futuro.

¿Cuánto he perdido por el miedo?

Se me ha hecho nostálgico pensar y repensar esos límites imaginarios. A veces me veo a mí de niño sentado en una esquina, con las rodillas recogidas en el pecho, en la completa oscuridad viendo cómo el mundo y la vida lo cautivan, pero la preocupación por perder el tiempo lo hace ciego ante la pérdida de su propia vida.

¿Qué vale en la vida? ¿Una sonrisa o un deber?

¿Por qué cohibirnos de sentir la lluvia? ¿Por qué no salir a tomar el sol? ¿Por qué no  sentarse en un andén y ver la belleza de  la vida en la eternidad?

El alma nos impulsa a hacer lo que la razón no hace… Sentir

Desde hace mucho tiempo, había estado buscando la libertad de todas esas cadenas en el mirador del barrio donde vivo. No preciso explicar la belleza que el paisaje transmite…

Es, principalmente, en las noches donde siento el llamado de la sinfonía nocturna; tal invitación es muy apreciada por mi alma. En ese lugar se encuentra el silencio de un gran valle conquistado por casas y calles ruidosas y, un poco más al fondo, una cordillera en la que  se divisa unas pequeñas luces en las montañas que avisan la conquista de lo eterno. Es en esas montañas donde he encontrado la eterna paz que circula en la vida.

Hoy fue un llamado especial. Hoy, en la tarde fría y gris, fue la lluvia la que invitó a mi alma a ser partícipe de su gran obra, la purificación. Salí tan pronto como escuché que los demás invitados caían del cielo y se plasmaban en las calles, en los andenes, en los árboles y sus pequeños frutos, los limones. Caminé sin apuro hacia la orilla del andén donde se podía apreciar el abismo del valle y la inmensidad de las montañas. Tomé asiento mientras las goteras recorrían todo mi cuerpo celebrando y cantando. En el momento que me senté, la lluvia incrementó y los vientos se volvieron mucho más intensos, y aunque el frío era inminente, mi corazón había conseguido encender una llama tenue en el momento en que las preguntas surgieron; y era justo esa llama la que me permitía permanecer en el espectáculo sin ninguna incomodidad.

Mi mirada se centró en las montañas que habían sido arrulladas por la neblina. 

La sinfonía ya había comenzado.

Las goteras caían sobre el suelo y las hojas de los árboles, que eran sacudidas por los vientos, crearon vibraciones que distorsionaban los pensamientos y todo ruido disonante a lo natural. Las gotas que recorrían mi cuerpo se convirtieron en mis prendas y de esa unión, una especie de aura se forjó. La mente se apagaba con delicadeza al tiempo que mis ojos se cerraban. Había entrado en la eternidad.

Mi cuerpo había desaparecido… Todo rastro de mí había desaparecido.

El sonido del valle se escuchaba inmenso,  el tiempo desaparecía con la unicidad. Poco a poco, todo se iba volviendo uno.

Yo era las gotas que caían del cielo y a la vez las gotas que recorrían mi cuerpo sentado en el andén. 

Yo era el viento que movía las gotas, las nubes, los árboles y los pensamientos.

Yo era el sonido que producía la lluvia, el viento, la tierra y también el sonido que viajaba al centro del universo y todos sus rincones.

No había rastro alguno de algo o alguien que fuera un individuo aparte.

Luego de abrir los ojos, todo lo que me parecía conocido… Ya no lo era. Sentía la eternidad en mí… Y ella se plasmó en una sonrisa.

¿No es fácil la vida?

Sentía que todo se resolvía sin la necesidad de intervenir con angustias y lágrimas.Nació en mí la pasión por cualquier cosa que exprese la esencia eterna. Mi boca se prestó para el canto y pude sentir cómo todo el ser, en armonía, cantaba a través de mí.

Pude sentir cómo, en el momento de tomar aire para seguir vocalizando, se escuchaba la eterna sinfonía dentro de mí…

Fue un regalo…

Es un regalo…


* ¡Hola! 

Mi nombre es Diego Guapacha, tengo 20 años. En este momento estoy estudiando en la UTP licenciatura en Bilingüismo con énfasis en Inglés.

Me gustan muchísimo las cosas simples, y no sólo de sabor… Amo sentir el sol cuando tengo frío, en especial en mis manos (que generalmente se mantienen frías). Me gusta muchísimo la luna y todas sus facetas. Amo infinitamente el universo… Bueno, la vida en sí.

Continuamente busco parar… parar mucho para observar la vida. 

Desde niño he amado la naturaleza, me encantan los documentales sobre animales y lugares naturales y, sobre todo, todo lo que contenga fantasía… Películas, cuentos, poemas, música, cuadros de pintura, dibujos, fotografías…

También es otra cosa que me encanta… La expresión.

A veces siento que una sola vía para contar lo que se puede aprender de la vida por la observación, no es suficiente. Aunque ame la expresión (en cualquiera de sus manifestaciones), soy un poco tímido al mostrarme, y eso me hace sentir como un ciervito…

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