Viaje de vuelta al corazón

Por Laura Restrepo García.

Cuando pienso en algo que me guste de mí, me gusta pensar que soy viajera, que me gusta la aventura y el movimiento, que no le temo al cambio, a las nuevas ideas, a los lugares que están lejos de mi hogar y que me gusta alimentar mi capacidad de asombro con nuevos paisajes y caminos; pero desde hace un tiempo empecé a caminar un nuevo rumbo, un viaje al interior que cada vez ha sido más intenso y sintiente, que ha logrado despertar en mí también un amor inmenso por la quietud y el silencio, ese momento presente en el que sólo existe la respiración y el latido del corazón.

Este viaje ha sido una oportunidad para lograr conectarme con esa capacidad de verme hacia adentro, de explorar en mí profundidades, mares, estanques y flores y valles y montañas ¡y todo!… Ver que adentro también es como afuera, que hay paisajes nuevos cada vez más interesantes y que sentirme parte de un todo me hace re-conocerme en cada gota de agua, en cada semilla y en cada animal; una conexión profunda con la naturaleza y con el cosmos que desde hace tiempo sentía vibrando pero que sólo hasta ahora tiene para mí un gran sentido, que de verdad es claro y que puedo observarlo sólo con mirar al cielo desde la ventana de mi cuarto, o regar mi huerta o sentarme a meditar en medio de una ceremonia de cacao, saber que mi lugar seguro está en la naturaleza, una madre infinitamente amorosa que siempre me sostiene y me maravilla.

Dentro de mí he cultivado mucho amor propio, he aprendido a reconocer mi poder y darle lugar a lo que soy, me he permitido manifestarme a través de mi arte que por miedo siempre le había restado importancia y valor, que por estar y ser para el otro(a) no había sabido elegirme a mí siempre, por encima de todo, a pesar de las circunstancias, el dolor, el rechazo, la pérdida y las críticas. Construir esto no ha sido sencillo ya que diariamente llegan nuevas situaciones que retumban y cuestionan, llegan pensamientos automáticos que avivan ansiedades, que también pretenden crear duda y arraigar las viejas creencias volviendo entonces al lugar donde me siento culpable por ser yo misma, donde necesito aprobación de toda la gente a mi alrededor, donde me veo insuficiente si no doy lo mejor de mí, donde me victimizo y veo errores en todas partes para no hacerme cargo de mis decisiones, donde me pregunto constantemente ‘’¿qué pasaría si yo fuera/ sintiera diferente?’’… es un proceso en el que la respuesta siempre es la misma: respirar, escuchar el corazón y ver adentro.

Allí en este espacio me he encontrado con más preguntas que respuestas y bueno, de eso es que justamente se trata este viaje, de llegar buscando algo y entonces removerlo todo para darle un orden pero con un nuevo sentido y un propósito más conectado a lo que realmente deseo crear en mi vida. Encontrarme conmigo misma, con mi niña interior, con mi ser futuro, con mi auto-saboteadora interna y otras tantas versiones de mí que han llegado a darme regalos, a brindarme dudas pero también entendimiento y sabiduría.

Poco a poco he comenzado a iluminar unas cavernas con estanques y partes oscuras que por mucho tiempo me he negado de mí misma, siempre sabiéndome poderosa y fuerte, inquebrantable y perfecta… o tal vez pretendiendo serlo para obtener la aprobación del otrx o simplemente ‘’no molestar con mis cosas’’, manifestando la niña interior que siempre obtuvo amor y atención a través del buen comportamiento y por no dar problemas… nunca he sabido ser rebelde, ni expresar mis sentires o mostrarme vulnerable y en medio de todo este caminar he podido reconocerme también con vacíos, dolores, tristezas, apegos y violencias que necesitan ser abrazadas y comprendidas, que justamente cuando me permito ser yo es que logro ver esa vulnerabilidad donde no siempre tengo la respuesta de todo, donde no siempre sé cómo sentirme o qué hacer con todo lo que siento. Que al sentirme más como yo me doy cuenta que estoy siendo rebelde, revolucionaria y que voy en contra de todo lo que he sido gran parte de mi vida, que al ser más yo y volver a mí misma todo cambia y se transforma; y eso me encanta, me moviliza y me da felicidad.

Esta aventura apenas comienza ya que una vez el jaguar se despierta no hay manera de no escucharlo, de no sentirlo y de no amarlo, ya que una vez se traza un propósito solo es cuestión de tiempo y mucha escucha empezar a crear y fluir a través del mismo y más cuando el propósito en sí es simplemente fluir, ser y permitir que mi arte se manifieste con amor incondicional hacia mí misma y en ese sentido a todo lo que me rodea.Este año la vida dio un giro inesperado, en medio de una quietud casi obligatoria que efectivamente no me ha permitido moverme mucho, que postergó proyectos y que no me dejado viajar a nuevos destinos pero que ha sido un gran momento de movimiento interno, grandes mareas y montañas emocionales, pero que a la vez ha sido un momento perfecto y sincronizado para crear este espacio en el interior, donde he tenido hasta ahora el mejor y más grande viaje sin siquiera salir de mi propio corazón.

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