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Ser Árbol

Ser Árbol

Por Santiago Arboleda

Hace dos años escuché, entre el asombro y el descubrimiento, una canción que se llama “Ser árbol”, de Nacho Vegas, uno de mis artistas favoritos. Por mi apellido, a mí me decían “Árbol” en el colegio. También, en un verso, Nacho canta “mi amigo Santi”. Le decía a la gente en chiste que ese tema me susurraba al oído, mientras pensaba que lo que guardaba para mí personalmente era mucho más profundo. Y profundo ha sido.


Recientemente y también con la emoción del descubrimiento, me acerqué a Mariana, y luego a Andrés y Gisela y su maravillosa presencia. Siguiendo el no-se-qué que me había traído hasta acá y no me había dejado huir, entendí que la invitación de Vórtice Raíz era mucho más que a unas charlas. Me vi a través de mis propios ojos con una mirada cálida, tuve visiones de bibliotecas-templos gigantes y ocres, canté con los pájaros y encontré, en el fondo de un lago dorado, a alguien que era yo mismo sosteniendo el tesoro del amor y del poder.


El lago a veces enturbia y luego aclara. Los pájaros vienen a anidar y otras temporadas vuelan lejos.
Y mi vida se me mueve de formas cada vez más desafiantes. Mi trabajo en la universidad, mis estudios, mi familia, la pandemia, la persona con la que comparto. Todo parece también susurrarme al oído mensajes de gran importancia, mientras siento mi llanto y la crisis muy cerca.
El plot twist, el tesoro para mí de estos talleres, es el siguiente: En esencia, no son las cosas que suceden lo que suena. Soy yo mismo, en el fondo del lago cantando, queriendo ser más que un susurro.

Viaje de vuelta al corazón

Por Laura Restrepo García.

Cuando pienso en algo que me guste de mí, me gusta pensar que soy viajera, que me gusta la aventura y el movimiento, que no le temo al cambio, a las nuevas ideas, a los lugares que están lejos de mi hogar y que me gusta alimentar mi capacidad de asombro con nuevos paisajes y caminos; pero desde hace un tiempo empecé a caminar un nuevo rumbo, un viaje al interior que cada vez ha sido más intenso y sintiente, que ha logrado despertar en mí también un amor inmenso por la quietud y el silencio, ese momento presente en el que sólo existe la respiración y el latido del corazón.

Este viaje ha sido una oportunidad para lograr conectarme con esa capacidad de verme hacia adentro, de explorar en mí profundidades, mares, estanques y flores y valles y montañas ¡y todo!… Ver que adentro también es como afuera, que hay paisajes nuevos cada vez más interesantes y que sentirme parte de un todo me hace re-conocerme en cada gota de agua, en cada semilla y en cada animal; una conexión profunda con la naturaleza y con el cosmos que desde hace tiempo sentía vibrando pero que sólo hasta ahora tiene para mí un gran sentido, que de verdad es claro y que puedo observarlo sólo con mirar al cielo desde la ventana de mi cuarto, o regar mi huerta o sentarme a meditar en medio de una ceremonia de cacao, saber que mi lugar seguro está en la naturaleza, una madre infinitamente amorosa que siempre me sostiene y me maravilla.

Dentro de mí he cultivado mucho amor propio, he aprendido a reconocer mi poder y darle lugar a lo que soy, me he permitido manifestarme a través de mi arte que por miedo siempre le había restado importancia y valor, que por estar y ser para el otro(a) no había sabido elegirme a mí siempre, por encima de todo, a pesar de las circunstancias, el dolor, el rechazo, la pérdida y las críticas. Construir esto no ha sido sencillo ya que diariamente llegan nuevas situaciones que retumban y cuestionan, llegan pensamientos automáticos que avivan ansiedades, que también pretenden crear duda y arraigar las viejas creencias volviendo entonces al lugar donde me siento culpable por ser yo misma, donde necesito aprobación de toda la gente a mi alrededor, donde me veo insuficiente si no doy lo mejor de mí, donde me victimizo y veo errores en todas partes para no hacerme cargo de mis decisiones, donde me pregunto constantemente ‘’¿qué pasaría si yo fuera/ sintiera diferente?’’… es un proceso en el que la respuesta siempre es la misma: respirar, escuchar el corazón y ver adentro.

Allí en este espacio me he encontrado con más preguntas que respuestas y bueno, de eso es que justamente se trata este viaje, de llegar buscando algo y entonces removerlo todo para darle un orden pero con un nuevo sentido y un propósito más conectado a lo que realmente deseo crear en mi vida. Encontrarme conmigo misma, con mi niña interior, con mi ser futuro, con mi auto-saboteadora interna y otras tantas versiones de mí que han llegado a darme regalos, a brindarme dudas pero también entendimiento y sabiduría.

Poco a poco he comenzado a iluminar unas cavernas con estanques y partes oscuras que por mucho tiempo me he negado de mí misma, siempre sabiéndome poderosa y fuerte, inquebrantable y perfecta… o tal vez pretendiendo serlo para obtener la aprobación del otrx o simplemente ‘’no molestar con mis cosas’’, manifestando la niña interior que siempre obtuvo amor y atención a través del buen comportamiento y por no dar problemas… nunca he sabido ser rebelde, ni expresar mis sentires o mostrarme vulnerable y en medio de todo este caminar he podido reconocerme también con vacíos, dolores, tristezas, apegos y violencias que necesitan ser abrazadas y comprendidas, que justamente cuando me permito ser yo es que logro ver esa vulnerabilidad donde no siempre tengo la respuesta de todo, donde no siempre sé cómo sentirme o qué hacer con todo lo que siento. Que al sentirme más como yo me doy cuenta que estoy siendo rebelde, revolucionaria y que voy en contra de todo lo que he sido gran parte de mi vida, que al ser más yo y volver a mí misma todo cambia y se transforma; y eso me encanta, me moviliza y me da felicidad.

Esta aventura apenas comienza ya que una vez el jaguar se despierta no hay manera de no escucharlo, de no sentirlo y de no amarlo, ya que una vez se traza un propósito solo es cuestión de tiempo y mucha escucha empezar a crear y fluir a través del mismo y más cuando el propósito en sí es simplemente fluir, ser y permitir que mi arte se manifieste con amor incondicional hacia mí misma y en ese sentido a todo lo que me rodea.Este año la vida dio un giro inesperado, en medio de una quietud casi obligatoria que efectivamente no me ha permitido moverme mucho, que postergó proyectos y que no me dejado viajar a nuevos destinos pero que ha sido un gran momento de movimiento interno, grandes mareas y montañas emocionales, pero que a la vez ha sido un momento perfecto y sincronizado para crear este espacio en el interior, donde he tenido hasta ahora el mejor y más grande viaje sin siquiera salir de mi propio corazón.

El Camino del Jaguar

Por Fernando Triana

Un proceso comienza con un paso, lo que no se sabe es cuántos pasos serán y muchas veces tampoco hacia dónde. Nos han enseñado que debemos responder estas preguntas antes de empezar, como una obligación  en el deber ser para algún camino preestablecido. En realidad toda mi vida he estado haciéndole el quite a estas preguntas y a este deber ser y lo único que he recibido es rechazo y mucha “paciencia” por parte de familiares, amigos, parejas, jefes, entre otros tantos que tienen expectativas frente a uno. Lo gracioso es que finalmente he dado los pasos, porque a la final uno aprende a rechazarse y a castigarse por ser y pensar diferente, al punto de no querer existir más.

En mi vida hay tres cosas que me caracterizan, dos son mi tranquilidady mi reflexión, elementos que me han permitido dar seguridad y apoyo a otros, pero hasta ahora he manejado una doble cara para que nadie se preocupe por mí, porque he sido bueno para dar pero no para recibir, de hecho doy sin esperar nada a cambio, no por valores religiosos sino porque no me gusta generar vínculos. El otro elemento es mi facilidad para adaptarme a diferentes situaciones y discursos. Uno de estos discursos tiene que ver con el hecho de repetir que“todo depende de uno”, pero hasta ahora comienzo a comprenderlo, la verdad creí que lo había incorporado, pero poco a poco he percibido que este discurso no tiene sentido y he permanecido en las sombras y la soledad para que nadie pueda percibir mi incoherencia entre mi pensar, sentir, decir y hacer. En este recorrido de adaptar discursos he pasado por muchos maestros de diversas corrientes y he encontrado respuestas o preguntas a medias sin poder resolver mi conflicto interno.

En este punto y después de hacer un resumen de mi vida, creo que puedo hablar sobre mi experiencia con el cacao. Apertura, tranquilidad y expansión, estos tres elementos y seguro otros, son los que han venido marcando mi caminar junto al cacao. Es mucho lo que falta por digerir, pero puedo decir que por primera vez en mi vida todo lo que me generaba miedo y angustia en mi proceso hacia el autoconocimiento, hoy lo puedo asumir con calma, no quiere decir que no tenga miedo, lo que pasa es que esta vez puedo conversar con él. Puedo decir que ya no estoy luchando, ni tengo expectativas, solo estoy en un momento de observación después de pasar por las diferentes ceremonias y meditaciones que Andrés y Gisela nos ofrecieron.

En resumen, la palabra para mi propósito de amor propio e incondicional, que tuve al iniciar este proceso, es CALMA. Calma a pesar de todo lo que queda por ver y comprender, calma para respirar mientras entiendo qué es lo que ha venido pasando conmigo, calma para poder seguir caminando mientras me reconozco y reconozco todo lo que puedo dar y recibir. Calma mientras veo mi dolor y mi sufrimiento y mientras me perdono y comprendo el por qué lo permití o por qué lo hice. Calma y mucho amor para valorarme y así poder expresar de corazón todo el amor que tengo.

Quiero finalizar con el recuerdo que me dejo un maestro que quiero mucho y es que siendo un jaguar puedo continuar mi camino teniendo tacto para caminar con cautela y oído para escuchar las enseñanzas que mi niño y mis maestros interiores tienen para darme. Muchas gracias por este maravilloso viaje y espero poder compartir más junto a ustedes y al cacao.

El Cálido Susurro de las Hadas

Por Kamilo Revelo

Más allá de lo visible…el cálido susurro de las hadas

La señal más evidente de que el jaguar requiere despertar, en mi caso aparece con una sintomatología que Andrés y Gisela me han enseñado a abrazar como un gran regalo: es el “vértigo” quien me alerta de que algo dentro de mí está fuera de equilibrio.

Dato mágico: Al iniciar los procesos del despertar del jaguar el vértigo desaparece totalmente, yo así lo siento, el cacao actúa como un bálsamo que dulcemente cobija los miedos y permite observarlos sin juzgarlos y posteriormente transformarlos dotándolos de una energía renovada.

“Veo a los ojos de mi sombra para poder ascender y encontrarme “

Esta vez, mi camino por el sendero del jaguar tenía como mapa el desarrollo creativo y como brújula la conexión con los espíritus de la naturaleza, durante las primeras sesiones se hizo un especial énfasis en una palabra que aún resuena en mí: “acción”; dónde estaba enfocando mi energía para que ese propósito se materializara, se hiciese evidente y de qué manera.

A continuación, la acción que  nace es realizar una ilustración , guiada por el cacao, donde el único propósito era permitir y dejar que la ilustración tomase forma buscando no controlar, que fuese la energía depositada en mis manos quien asumiera  el control de lo que el pincel y los colores  en la paleta debían crear esta vez  solicitando la guía de los espíritus de la naturaleza, el mi caso los árboles, las plantas y por su puesto las hadas por quienes siento un inmenso cariño.

El cálido susurro de las hadas soplando sobre las hojas de los árboles llegando a mis oídos transformándose en imágenes y colores deslizándose como el humo de un copal al corazón y luego llenando mi ser y cargando de esta energía especialmente a mis manos me llevó a crear una ilustración que aún no puedo descifrar, la veo y está dotada de una inmensa energía, es un tótem que ha permitido desbloquear mi ser creativo y sobre todo me ha concedido confiar y escuchar a los espíritus de la naturaleza .

Gracias infinitas a Vórtice Raíz por permitirme hacer parte de su magia y ayudarme a encontrar la mía.

La Sinfonía Ya Había Comenzado

Por Diego Guapacha*

¿Cuál es la causa de nuestra infelicidad?

He vivido gran parte de mi vida (por no decir casi toda…) llena de prohibiciones y cohibiciones.

¿Por qué? He sentido un gran temor al pensar ser diferente a los demás.

¿Por quién(es)? La mayor influencia del miedo han sido mi padre y mi hermano, que en realidad vienen siendo la misma persona.

Los miedos, desde muy temprano, me han hecho paralizar… He temido tanto a la vida que he visto muchas oportunidades que anhelaba pasar por mi lado mientras las veo sentado en la misma roca. 

¿Vida? ¿Vivir? ¿Acaso esto es vivir?

¿Quién soy? ¿A quién trato de satisfacer? ¿Para quién o qué me sacrifico? ¿Para quién o qué vivo?

Enfrentar esas preguntas me ha hecho querer parar toda actividad que había estado realizando y que consideraba normal en mi día a día. Perdí totalmente la seguridad y la certeza de lo que creía ser, pero a cambio de eso, he tenido el privilegio de mirar a los ojos la verdad.

He sentido un tipo de chispazo, de iluminación. Claramente, se me ha hecho difícil mirar lo que estaba en el cuarto oscuro conmigo, pero ha sido precisamente ese acontecimiento, el coraje y la valentía de ver lo falso como lo falso lo que me ha permitido dar un paso más hacia mí. 

Desde entonces, he podido comprender un poco más mi miedo a la vida, mi temor a la equivocación y también la frustración cuando no consigo aprobación; he comprendido  mi miedo a las figuras autoritarias y todo lo que se relacione con expresar algo de mi interior. He temido perder el control… He temido perder lo que he aprendido de mis experiencias… Y lo gracioso de todo ello, es que ha sido ese mismo temor el que ha reproducido esos patrones de inmovilidad que limitan mis actos, mis oportunidades de ser lo que en realidad soy.

Me he frustrado muchas veces en un solo día al ver que sigo pensando, sintiendo y actuando de la misma forma. Es claro que este proceso tomará mucho tiempo, pero siento que se me han abierto las puertas a un mundo inexplorado en mi interior donde se pueden observar las raíces de los árboles que obstaculizan mi potencial en mi presente y mi futuro.

¿Cuánto he perdido por el miedo?

Se me ha hecho nostálgico pensar y repensar esos límites imaginarios. A veces me veo a mí de niño sentado en una esquina, con las rodillas recogidas en el pecho, en la completa oscuridad viendo cómo el mundo y la vida lo cautivan, pero la preocupación por perder el tiempo lo hace ciego ante la pérdida de su propia vida.

¿Qué vale en la vida? ¿Una sonrisa o un deber?

¿Por qué cohibirnos de sentir la lluvia? ¿Por qué no salir a tomar el sol? ¿Por qué no  sentarse en un andén y ver la belleza de  la vida en la eternidad?

El alma nos impulsa a hacer lo que la razón no hace… Sentir

Desde hace mucho tiempo, había estado buscando la libertad de todas esas cadenas en el mirador del barrio donde vivo. No preciso explicar la belleza que el paisaje transmite…

Es, principalmente, en las noches donde siento el llamado de la sinfonía nocturna; tal invitación es muy apreciada por mi alma. En ese lugar se encuentra el silencio de un gran valle conquistado por casas y calles ruidosas y, un poco más al fondo, una cordillera en la que  se divisa unas pequeñas luces en las montañas que avisan la conquista de lo eterno. Es en esas montañas donde he encontrado la eterna paz que circula en la vida.

Hoy fue un llamado especial. Hoy, en la tarde fría y gris, fue la lluvia la que invitó a mi alma a ser partícipe de su gran obra, la purificación. Salí tan pronto como escuché que los demás invitados caían del cielo y se plasmaban en las calles, en los andenes, en los árboles y sus pequeños frutos, los limones. Caminé sin apuro hacia la orilla del andén donde se podía apreciar el abismo del valle y la inmensidad de las montañas. Tomé asiento mientras las goteras recorrían todo mi cuerpo celebrando y cantando. En el momento que me senté, la lluvia incrementó y los vientos se volvieron mucho más intensos, y aunque el frío era inminente, mi corazón había conseguido encender una llama tenue en el momento en que las preguntas surgieron; y era justo esa llama la que me permitía permanecer en el espectáculo sin ninguna incomodidad.

Mi mirada se centró en las montañas que habían sido arrulladas por la neblina. 

La sinfonía ya había comenzado.

Las goteras caían sobre el suelo y las hojas de los árboles, que eran sacudidas por los vientos, crearon vibraciones que distorsionaban los pensamientos y todo ruido disonante a lo natural. Las gotas que recorrían mi cuerpo se convirtieron en mis prendas y de esa unión, una especie de aura se forjó. La mente se apagaba con delicadeza al tiempo que mis ojos se cerraban. Había entrado en la eternidad.

Mi cuerpo había desaparecido… Todo rastro de mí había desaparecido.

El sonido del valle se escuchaba inmenso,  el tiempo desaparecía con la unicidad. Poco a poco, todo se iba volviendo uno.

Yo era las gotas que caían del cielo y a la vez las gotas que recorrían mi cuerpo sentado en el andén. 

Yo era el viento que movía las gotas, las nubes, los árboles y los pensamientos.

Yo era el sonido que producía la lluvia, el viento, la tierra y también el sonido que viajaba al centro del universo y todos sus rincones.

No había rastro alguno de algo o alguien que fuera un individuo aparte.

Luego de abrir los ojos, todo lo que me parecía conocido… Ya no lo era. Sentía la eternidad en mí… Y ella se plasmó en una sonrisa.

¿No es fácil la vida?

Sentía que todo se resolvía sin la necesidad de intervenir con angustias y lágrimas.Nació en mí la pasión por cualquier cosa que exprese la esencia eterna. Mi boca se prestó para el canto y pude sentir cómo todo el ser, en armonía, cantaba a través de mí.

Pude sentir cómo, en el momento de tomar aire para seguir vocalizando, se escuchaba la eterna sinfonía dentro de mí…

Fue un regalo…

Es un regalo…


* ¡Hola! 

Mi nombre es Diego Guapacha, tengo 20 años. En este momento estoy estudiando en la UTP licenciatura en Bilingüismo con énfasis en Inglés.

Me gustan muchísimo las cosas simples, y no sólo de sabor… Amo sentir el sol cuando tengo frío, en especial en mis manos (que generalmente se mantienen frías). Me gusta muchísimo la luna y todas sus facetas. Amo infinitamente el universo… Bueno, la vida en sí.

Continuamente busco parar… parar mucho para observar la vida. 

Desde niño he amado la naturaleza, me encantan los documentales sobre animales y lugares naturales y, sobre todo, todo lo que contenga fantasía… Películas, cuentos, poemas, música, cuadros de pintura, dibujos, fotografías…

También es otra cosa que me encanta… La expresión.

A veces siento que una sola vía para contar lo que se puede aprender de la vida por la observación, no es suficiente. Aunque ame la expresión (en cualquiera de sus manifestaciones), soy un poco tímido al mostrarme, y eso me hace sentir como un ciervito…

Los Espíritus Cantan

Por Andrés Jiménez

Cuando empecé a comunicarme con los Espíritus de la Naturaleza, recibí en mi mente imágenes y sensaciones que poco a poco se fueron convirtiendo en palabras. “¿Cual es la primera palabra?”, me preguntó Keith, mi maestro, y esa primera palabra que llegó abrió una puerta.

Cada vez que he abierto esta comunicación el flujo de energía y palabras se ha hecho más grande. Y los espíritus han decidido, ocasionalmente, cantar.

Los poemas que leerán a continuación no han sido editados por mí en manera alguna. Los presento a ustedes de la forma exacta en que llegaron a mi campo de percepción y como fueron puestos por mí sobre el papel. No están “trabajados” ni editados.

He decidido dejarlos de este modo porque comprendo que, cuando canalizo, las palabras contienen una vibración cuya transmisión es el propósito último de todo el proceso. No se trata aquí, aunque no esté ausente, de la belleza literaria.

Espero, querido lector, que estas palabras lleguen al lugar de tu corazón al que siempre han estado destinadas, y que te abran puertas, como lo han hecho para mí, que la mente racional no puede percibir ni explicar.

Bendiciones en el siguiente paso de tu hermoso camino.

I

Las represas caerán

Esa avalancha no debe evitarse

Las ruinas serán abono

Soy el espíritu de todos los árboles

Soy el hombre verde

Diré la verdad:

no hay nacimiento ni muerte,

esta no es la única Tierra.

Toma tiempo hacerse amigo de un árbol.

Hay que empezar por un árbol, no por el bosque.

El único intercambio es la presencia.

Irradia una luz verde desde el corazón.

II

El silencio no es un fracaso.

El fracaso es el logro máximo de quien no se ama.

Amarse es recordar que no hay separación.

El amor es la energía que surge al volver al corazón de la unidad.

III

No es necesario esperar.

Quien espera cree que hay algo que le hace falta.

Hay innumerables futuros.

No controlamos ninguno,

sólo elegimos aquel que queremos habitar.

Los futuros paralelos no son juicios,

son espejos.

El futuro y el presente son lo mismo.

La esperanza es la sensación de contacto, en el presente,

con la semilla del futuro que deseamos pero aún no encarnamos.

Para saltar a otra línea temporal hay que darse cuenta de que no existen líneas temporales.

No hay tiempo ni espacio, sólo unidad.

IV

A lo que cargamos, lo hacemos real al cargarlo.

Hacemos real lo que creemos.

Lo que llamamos realidad es un acto de magia.

V

Las raíces saben escuchar

VI

Te crecerán raíces

Hojas nuevas saldrán en tu cuerpo

Serás un árbol y darás sombra

Serás un árbol y aprenderás el lenguaje del viento

y entenderás el canto de los pájaros

Serás un árbol y sabrás que no estás solo

Tus raíces serán alas para volar hacia el centro de la Tierra

Se extenderán hacia el ayer y el mañana

He visto tu futuro

Su belleza me ha estremecido

Vivirás en una tierra de luz en la que todo es uno

Antes deberán caer los muros que se han construido entre la naturaleza y los hombres

Y caerán

Con ruido y polvo caerán

Y de esas ruinas se levantarán los primeros brotes del nuevo mundo

Deja que la vida atrapada en tu interior despierte

como un secreto que empieza a decirse

Imágenes: https://www.janbettsart.com/

Aprender a actuar

Aprender a actuar
Canalización de los espíritus de la naturaleza
30.5.2020
Por Andrés Jiménez

La acción, cuando viene del miedo, es control, y le da realidad al miedo. Se crea así un ciclo en el que ninguna acción, ningún intento de control, son suficientes, porque cada acción hace más real y más fuerte al mismo miedo que intenta eliminar.

La acción que viene del miedo siempre se trata de mí. De lo que puedo perder o ganar, controlar o no. Es por eso que la acción que viene del miedo depende siempre de su resultado. El resultado es su juez, y juzga no sólo la acción, sino también a quien la ejecuta, convirtiéndose en la medida exacta del valor de esa persona.

Cuando uno se hace dueño de su acción el resultado no su juez. No se hace esto para obtener o evitar aquello, sencillamente se hace porque hay impulso, atracción. La energía que guía a esta acción es la compasión, que a su vez viene del amor incondicional a toda la vida: amor que me incluye, y que se convierte en el suficiente amor por mí mismo y en el suficiente respeto por mí mismo como para permitirme escuchar aquello que quiere ser hecho a través de mí.

La compasión moviliza una acción que no está centrada en mí, pero que al mismo tiempo no me excluye. Sentimos compasión cuando disolvemos la ilusión de la separación, y comprendemos que no somos distintos del otro, del árbol, del viento, del pájaro en la rama. Que no hay yo ni tú, esto o aquello. Sólo un inmenso nosotros. Esta acción siempre nos incluye porque parte de la sabiduría de la interrelación: si no cuido de mí, no estoy cuidando de ti; si no cuido de ti, no estoy cuidando de mí.

La acción que parte de la compasión siempre quiere aliviar el sufrimiento y crear equilibrio, pero ni el dolor o la felicidad que surjan de ella determinan su valor o el valor de quien la ejecuta. La acción misma es el valor, la felicidad, el equilibrio, el alivio del sufrimiento. Una acción así está llena de energía y sana y restaura a quien la ejecuta. Le da realidad al momento de la acción, al presente, y nos devuelve este momento, con todo lo que contiene, como regalo.

La acción que parte de la compasión dispone así de infinita energía. El miedo agota, la compasión restaura.

Para ser compasiva, la acción necesita partir de la comprensión de las raíces del sufrimiento. Cuando no es así, la acción quiere ser compasiva pero no está lista para ello, y en el fondo es miedo y busca un resultado: eliminar un síntoma, una manifestación dolorosa o incómoda.  La comprensión profunda de las raíces del sufrimiento es una condición de manifestación de la acción compasiva.

No hacer puede ser la acción de la compasión y también la del miedo. Si no hacer significa que soy una mala persona, que soy culpable de los resultados de ese no hacer, esa acción viene del miedo, especialmente al fracaso, y revela la existencia de una expectativa precisa de un resultado. Si el no hacer viene de la necesidad de castigar o del deseo de ser amado por algo que no sea mi acción (por ejemplo, mi esencia), esa acción viene del miedo, particularmente al abuso.

Si el no hacer proviene de la comprensión de que esa es la acción correcta para aliviar las raíces del sufrimiento y restaurar el equilibrio no sólo para mí, sino para todo, ese no hacer viene de la compasión, y produce poder e inspiración.

Cuando un pájaro emprende el vuelo, ese vuelo es la alegría misma. Aprender a actuar es aprender a volar.

Escríbenos tus comentarios y preguntas al correo vorticeraiz@gmail.com

La asfixiante red de los bloqueos

La asfixiante red de los bloqueos
Canalización de los espíritus de la naturaleza
Realizada el 29/5/2020
Por Andrés Jiménez

Una araña sabe que siempre puede dejar la red en la que está y tejer otra. Por eso una araña nunca se queda atrapada en su propia red.

Estar bloqueado es quedarse atrapado en una red de creencias, pensamientos, emociones y reacciones que uno mismo ha tejido consciente o inconscientemente.

Es como tejer, encima de una red, otra exactamente igual, y luego otra, y luego otra, hasta que la red es excesivamente gruesa, y al final atar todas las redes con este nudo: la creencia de que es imposible escapar.

Una red como esta da realidad a nuestros miedos, no importa cuáles sean, y los solidifica frente a nosotros como pensamientos repetitivos, patrones, dramas, síntomas, bloqueos.

Nada en la naturaleza se bloquea. Sólo hay bloqueo cuando hay resistencia. Sólo lo humano se resiste. Sólo lo humano se bloquea. Sólo lo humano puede congelar la realidad en un patrón estático.

La Naturaleza no se bloquea porque no se juzga, porque no tiene opiniones acerca de sí misma, porque no espera nada de sí misma. Sólo es. Para la naturaleza no existe el tiempo. Para la Naturaleza el tiempo no es más que el mecanismo a través del cual se expresa el cambio constante que es su misma esencia. La Naturaleza no lleva la cuenta del tiempo, es una sola con él, y por eso se expresa en ciclos.

Sólo lo humano puede manifestar, como idea, la creencia de inmovilidad e inmutabilidad que un bloqueo es. Cada piedra y cada árbol conocen la naturaleza del tiempo y de la vida. Sólo lo humano puede ignorarla.

A través de un bloqueo, uno se fija a sí mismo un un lugar que es de la mayor importancia para su propio proceso. Una primera razón puede ser la seguridad. Un bloqueo, aunque no sea agradable, es siempre seguro. Es un territorio conocido, y quien lo habita conoce todos los detalles de su funcionamiento. Obtenemos una y otra vez algo que no deseamos, pero siempre sabemos qué es lo que vamos a obtener. “Nadie me ama” puede ser una creencia muy dolorosa y al mismo tiempo muy segura. Sabemos a dónde lleva. Sabemos cómo funciona y qué nos hace sentir. Es segura. Por fuera del perímetro de un bloqueo se abre un espacio de incertidumbre que puede generarnos, al principio, más miedo y dolor que el bloqueo en sí mismo.

Quien se fija a sí mismo en un bloqueo persiguiendo la seguridad, se ha inscrito consciente o inconscientemente en un curso para conocer y transmutar la energía del miedo. Y no saldrá de su bloqueo hasta que sea un experto en el miedo y abrace su sinsentido. Ser un maestro del miedo es lo que han elegido los que persiguen la seguridad, los que no toleran la incertidumbre.

Uno se fija a sí mismo en un bloqueo también para ser amado. Uno se vuelve una víctima a la espera de alguien que lo rescate y le demuestre así su amor. Uno espera el héroe o heroína que, con su espada, lo libere de sus ataduras. Quienes se colocan en este tipo de bloqueo han decidido aprender a amarse a sí mismos, y no será hasta que lo hagan que puedan liberarse. Sólo ellos mismos, aprendiendo a amarse, podrán rescatarse de su bloqueo, y serán maestros de la autoaceptación, la autovalidación y el amor propio.

También nos fijamos en un bloque para castigarnos. “Lo que hice no puede ser perdonado”, se dicen a sí mismos quienes tejen esta red. “No merezco nada distinto de esto”, se repiten mientras empujan su roca una y otra vez hacia la cima de la montaña. Quienes se bloquean a sí mismos de esta forma han decidido convertirse en maestros de la culpa y la vergüenza, y sólo saldrán de su bloqueo cuando hagan lo único que les parece imposible: perdonarse. Maestros de esta naturaleza serán necesarios cuando la verdad salga a la luz, y lo imperdonable se revele. Y por ello se exige de aquellos que escogen este camino una impecable maestría, nada menos que lo imposible. Tal es la importancia de su tarea.

Se congelan en un bloqueo, también, aquellos que le temen a su poder. Aquellos que aprendieron a desconfiar de sí mismos porque descubrieron que pueden hacer daño a otros. Aquellos que se prometieron aislarse en una prisión de su propia hechura para no ser un peligro para los que aman. Quienes eligen este patrón están aquí para recordar que crear y destruir son dos aspectos de la misma energía. Sólo saldrán de su prisión cuando vayan del otro lado del miedo a crear algo, y asuman las consecuencias de lo que crearon. Serán maestros de la impotencia y la desesperanza aquellos que experimenten el lado oscuro del poder, y despertarán cuando encuentren, en el corazón de esta oscuridad, la luz que es una sola con ella.

Un bloqueo es un período de cuarentena que nos imponemos para sanar. Y por eso no sirve huir de un bloqueo ni ignorarlo. Pasamos por un bloqueo porque algo en nosotros necesita tiempo para disolverse y transmutarse. Luchar contra ese proceso es como intentar detener una avalancha.

La salida de un bloqueo no está en la resistencia o la lucha, sino en la cooperación. Aliarnos con el bloqueo, y escuchar lo que quiere enseñarnos, es lo único que lo transforma. Cualquier tipo de lucha sólo aplaza la necesaria crisis de sanación.

Sólo la rendición de todo control facilita de nuevo el flujo de la energía. Esto es lo que sabe la araña en su red, la gota de agua en el río, la abeja que se permite ser elevada por el viento.

Envía tus comentarios y preguntas al correo vorticeraiz@gmail.com

Amar. Escuchar. Ver.

Un par de semanas atrás, un joven se suicidó saltando del octavo piso de un edificio de la Universidad Javeriana. Se llamaba Jhonnier. Estudiaba sexto semestre de Ingeniería de Sistemas. Estaba becado como parte del programa Ser Pilo Paga. Venía de Arauca. Su muerte tuvo una enorme repercusión en los medios de comunicación. Sabemos muy poco más de él, de lo que sentía, de lo que pensaba. 

Hace unos seis meses, en Pereira vivimos una ola de suicidios juveniles. Dos estudiantes de un mismo colegio se suicidaron en días consecutivos. Uno de ellos dejó una carta diciendo que habrían más suicidios. Cundió el pánico general, y por supuesto apareció la necesidad de detectar un responsable, de explicarse lo inexplicable. Los medios dijeron que todo se debía a una cadena de WhatsApp, que había que estar pendiente de las redes, ejercer más control. Se activaron las rutas de acción, los planes de emergencia, todo. En todas partes aparecieron las preguntas: ¿cómo hacemos para evitar los suicidios? ¿cómo mejoramos la atención psicológica en las universidades y colegios? ¿cómo protegemos a los jóvenes de las influencias dañinas en internet?

Creo que la mejor manera de honrar la vida de esos jóvenes que ya no están es cambiar la dirección de estas preguntas. Dejar por un momento de preguntarnos qué podemos hacer por ellos, cómo podemos arreglarlos. Considerarlos como seres empoderados y conscientes, no como víctimas. Y preguntarnos qué están intentando decirnos acerca de nosotros. Qué es aquello que no pudieron expresar de otra manera distinta a terminar con su vida. Porque ese silencio es sin duda un mensaje.

Somos invisibles. Caminamos sobre la tierra y nuestros pasos no dejan huella. Hablamos y nadie escucha. Estamos solos. Nos sentamos en los rincones. Ocupamos el menor espacio posible para no molestar. No le encontramos sentido al mundo. No encontramos respuestas. En nuestro corazón hay un vacío que nada puede llenar. Hay ira. Hay miedo. Nadie entiende nuestra ira y nuestro miedo. Nos los tragamos para que los demás se sientan bien. Fingimos fuerza. Quieren que encajemos. Que sigamos adelante. Está bien. Está mal. Quieren que apaguemos la incertidumbre en nuestro corazón. Pero está ahí con cada latido. Preguntas: ¿de esto se trata la vida? ¿existe el futuro? ¿algún día se acaba el dolor? ¿queda alguien coherente en el mundo? ¿hay alguien que nos quiera por quien realmente somos? ¿qué hay de malo con nosotros? ¿por qué no se puede decir la verdad? Nos dan pastillas, tratamientos, anestesias. Pero nada nos hace dejar de sentir. Nos escapamos en las drogas, las adicciones, el sexo. ¿Qué hacemos si nacimos con un corazón abierto en medio del caos? Callar, quedarse quieto, seguir adelante, sacrificarse. Eso dicen los falsos profetas, los que no saben, los que no sienten, los que se han encerrado a sí mismos en un rincón de sus corazones. Nuestro corazón no aguanta más. Nuestro planeta no aguanta más. Necesitamos despertar. Todos. Estamos perdidos, extraviados. No se trata de nosotros. Se trata de todos. Nosotros sólo somos las antenas del dolor del mundo. Somos los mensajeros de ese dolor, ese miedo. Somos invisibles, inaudibles, pero de algún modo tenemos que ser vistos y oídos. Tenemos algo importante que decir. Por favor escuchen. Escuchen. Escuchen. Escuchen. No cierren su corazón. Los seres que estamos viniendo al mundo llegamos para convertirlo de nuevo en un jardín, no para continuar con la guerra y la destrucción. Estamos aquí para sanar heridas colectivas, ancestrales. Estamos aquí para ascender juntos a un nuevo nivel de consciencia. Escuchen. Escuchen. Escuchen. Que los que vengan después de nosotros encuentren un espacio seguro para ser ellos mismos y brillar su luz. Que los que vengan después de nosotros ya no se sientan solos y aislados. Que los que vengan después de nosotros ya no sean invisibles. Que ustedes puedan mirarse y reconocer en su interior los jóvenes que fueron. Los que no habían perdido la esperanza. Y que puedan amar esos jóvenes que fueron. Y que al amarlos, puedan amarnos a nosotros. Comprendernos. Vernos. E iniciar la sanación del planeta.

Es responsabilidad de los adultos crear un mundo en el que los niños y jóvenes puedan sentirse seguros y a salvo. Es nuestra responsabilidad crear un mundo en el que cada cual pueda ser sin temor a la discriminación, a la separación, al abuso. Es nuestra responsabilidad crear un mundo en el que nuestros niños y jóvenes quieran quedarse. En el que nosotros queramos quedarnos. Quedarnos en serio. ¿Quién se quedaría a vivir en una casa en llamas? Porque eso es justo lo que estamos haciendo. Y todo empieza por escuchar, por reconocer. Por ver en cada niño y joven un interlocutor, un ser completo, un sujeto de derechos. Alguien a quien amar, no sólo alguien a quién educar, “preparar para el futuro”. ¿Cual futuro? Ciertamente no el que ellos desearían. 

Amar, escuchar, ver. Qué verbos tan hermosos. Y qué prácticas tan profundas.

Debajo de mi ira estaba el miedo

A menudo digo, medio en broma medio en serio, que soy un maestro de la ira. Que tengo 38 años de experiencia en estar enojado.

Siempre he tenido a la ira ahí, a mano. Desde muy pequeño vi a mi papá enojarse. Vi enojarse a mis hermanos, a mis amigos, a mis profesores, a los políticos en la televisión, a los superhéroes y a los vaqueros. Los vi golpear, gritar, humillar, herir, discriminar, fulminar al malo, invadir países en nombre de la ira. Con la ira como excusa.

He hecho de todo con mi ira: la he usado para conseguir lo que deseo, para no hacer lo que no quiero hacer, para que me den la razón, para que me dejen tranquilo, para que no se me acerquen, para que no se den cuenta de que estoy triste, para que no sepan que tengo miedo, para poder decir lo que realmente pienso, para conectarme con otros que también tienen ira, para darme fuerzas para levantarme de la cama, para no tener que tomar acción real sino sólo indignarme, para tener derecho a ser cortante, para tener derecho a herir, para tener derecho a tomar venganza, para esconderme y rumiar mis pensamientos sin sentirme culpable, para justificar lo injustificable, para hacerme a un lado, para evadir la responsabilidad de mis actos, para que la gente que quiero se preocupe por mí, para que me escuchen, para sabotearme, para castigar, para castigarme, para controlar, para creer que tengo poder, para imponerme, para intimidar. Y para otro montón de cosas que por ahora no recuerdo.

Hace unos años, en una videollamada con mi profesor de meditación, yo estaba hablando con él de algo de mi infancia. De algo que me dolía mucho. Y él tecleaba y tecleaba mientras me escuchaba. El sonido de ese tecleo, que entendí como muestra de desinterés, como una ofensa personal, empezó a enojarme de manera increíble. Y se lo dije. Con pablaras secas, cambiando el tono de mi voz, retirando el amor que sentía y siento por él y reemplazándolo por una energía de culpa y reclamo. Mi profesor se dio cuenta, por supuesto, de mi enojo. Y no dejó de teclear. Me dijo que estaba bien estar enojado, pero que el único derecho que estar enojado me daba era sentir mi ira. Nada más. Él no se enojó conmigo. No reaccionó con ira a mi ira. Me pidió que cerrara los ojos e invitara a mi niño interior enojado a un lugar seguro en mi corazón, y que allí le permitiera hacer lo que quisiera. Destruirlo todo si era lo que deseaba. Sin juzgarlo. Amándolo. Lo siguiente no me lo dijo, pero me quedó claro: igual que él estaba haciendo conmigo. Dejando que una avalancha de ira represada por años, y que salía de mí por explosiones hiriendo a las personas que quiero y a mí mismo, se moviera por primera vez de manera consciente. Y mientras trabajaba con mi niño interior sentí la ira intensamente, y me quemó por dentro.

Y cuando terminó de salir, cuando ese bloque de mi cuerpo de dolor hubo dejado espacio en mi interior, me di cuenta de que debajo de mi ira siempre había estado el miedo. Miedo a no ser amado, a ser rechazado, a ser ignorado, a ser dejado de lado. Miedo a no encajar, a no recibir la aprobación de mis padres y profesores, a no poder expresarme, a estar solo. A ser invisible. Pero dejaré esto para otro post.

Por ahora los invito a que visiten este Streaming que hice sobre la ira para el proyecto Respira y Sonríe y amplíen un poco lo que estoy contando acá. La ira tiene una particularidad, y es que difícil aceptar que no sabemos manejarla. Nos cuesta aceptar que estamos enojados. Y a menudo, al reprimir la ira, nos deprimimos. Transformar la ira es una pieza clave para cultivar la paz y la estabilidad en nuestro interior. Por ahora, no más spoilers. Los dejo con el video. Hasta la próxima.